Actualidad
Criar y ganar, en un contexto difícil
Del Editor
18/10/2023
Revista Palermo
Reducción de planteles, liquidaciones, racionalización. Los haras pasan por picos y hondonadas propias de los emprendimientos de riesgo, en los que la elección de un padrillo o de las yeguas madre inclinan la balanza hacia uno u otro lado. En los studs, ganar o perder a veces depende de una anotación bien o mal hecha; de una decisión tomada en fracciones de segundo en plena carrera, de un detalle.

El haras La Pasión y la caballeriza Rubio B., que acaban de celebrar el triunfo de Romance Sea en el Selección, fueron dos de las más grandes apuestas en la actividad, hacia principio de siglo. Ricardo Benedicto buscó madres en el exterior, invirtió en padrillos y fue siempre a más, incluso en los recursos humanos: trajo a Jorge Ricardo desde Brasil y le encomendó a Juan Carlos Etchechoury (h.) la preparación de sus caballos. Ricardinho aún no era el jockey del récord mundial de carreras ganadas, pero era “o astro”, reconocido en la Argentina por sus victorias en el Latinoamericano y en el Carlos Pellegrini. Etchechoury fue siete veces Entrenador del Año. 

El establecimiento, que tiene la cabaña en Capilla del Señor, fue -y es- un alarde de modernidad y hoy su Tattersall es uno de los centros más fuertes en la venta pública de ejemplares de todas las edades. Después de muchos años de colmar sus campos con más de 300 yeguas madre (310, precisa Nicolás, hijo de Ricardo y su mano derecha en la producción), se bajó a la mitad. “Nos estabilizamos en 150 yeguas, con un promedio de 110 nacimientos”, puntualiza Ricardo. Son parte del pasado los tiempos en los que La Pasión fue socio de Abolengo y de los que ambos salieron fortalecidos (uno en su plantel, el otro en su equilibrio para sostenerse ante los vaivenes del turf y del país), y se competía con la estación de montas La Mission y con La Quebrada, La Biznaga, Firmamento y Santa María de Araras, por mencionar un puñado de haras. 

En el mundo, la baja en la producción de caballos de carrera es un motivo de preocupación. La International Thoroughbred Breeders’ Federation (ITBF) lo expresó a través de una de sus funcionarias, Sarah Carmichael, que estuvo en Buenos Aires para las reuniones internacionales que se realizaron en la semana del Gran Premio Latinoamericano, donde se apuntó que la baja se apreció sobre todo en países poderosos como Irlanda, el Reino Unido y los Estados Unidos.

Aquí, la coyuntura se agrava por las eternas administraciones de dirigentes políticos no idóneos para manejar la res pública (la cosa pública, la República), que, por caso, no pueden contener la inflación como en la gran mayoría de los países, y para los que las divisas triplicando su cotización o más, en un año, parece algo circunstancial, de lo que son culpables otros con menos responsabilidades. Observar a un turista reírse al pagar la cuenta en un restaurante con una pila de billetes infinita, que recibió en alguno de nuestros acaudalados bancos, es un signo del poco respeto que los gobernantes tienen por la moneda que deben defender.

Y como las subastas de caballos de carrera -las únicas que aquí tributan el IVA entre todas las equinas- manejan sus precios en dólares y sufren incluso controles del Estado más estrictos en los últimos meses, como les pasa a algunas firmas martilleras, aquellos ciclos de altas y bajas de los haras y las carreras son casi una rutina.
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