04/11/2019 por Hector Torres

Carteame sacó la baraja ganadora en el final

En una vibrante definición, la potranca de Abolengo superó a Joy Revolucionaria por ventaja mínima.



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El Clásico Ramón Biaus (G2), tradicional prueba que enfrenta a las yeguas jóvenes con las adultas a lo largo de 2200 metros sobre pista de arena, esta vez se resolvió mediante la bandera verde y por el apretado y vibrante final al que arribaron Carteame y Joy Revolucionaria y las que, finalmente, cruzaron la meta en ese orden y separadas por ventaja mínima.

Las dos protagonistas de la definición al comienzo se movieron a una distancia prudencial de Heart To Heart y French Beach que discutieron por la punta la primera parte de la carrera. Y cuando la yegua de Rubio B. abandonó la lucha por habérsele corrido la montura, la de Abolengo y la de La Celeste salieron a buscar a French Beach que intentó la disparada.
Pablo Falero eligió correr por dentro para no regalar terreno y aún a sabiendas de que seguramente en ese sector la pista no estaba muy firme. Por el contrario, Eduardo Ortega Pavón prefirió llevar a su dirigida hacia el lado externo de la pista y convencido de que por ese sector iba a avanzar con menos resistencia.
Cada jinete jugó sus cartas; por los 100 finales se juntaron y la moneda no terminaba de caer ni de un lado ni del otro. El final fue tan apretado que motivó que izaran la verde, más allá de que en las tribunas las discusiones se jugaban por una y otra.
Pero varios minutos después de una tensa espera, el veredicto dio ganadora a Carteame, la potranca de Abolengo entrenada por Nicolás Martin Ferro que no había respondido como esperaban en el Gran Premio Selección (G1) sureño ganado por Sankalpa, pero que dio revancha inmediata en el exigente Biaus (G2).
La de Joy Revolucionaria fue sin dudas una derrota digna, y una que clama por revancha ante una rival que la venció por un margen ínfimo. Sin dudas que si vuelven a verse las caras nuevamente, ambas galopadores volverán a dar un espectáculo como el que dieron en la tarde gris palermitana en la que hubo un par de caídas de jinetes que afortunadamente no sufrieron mayores consecuencias y en las que el totalizador volvió locos a los apostadores por su mal funcionamiento.